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Maratón de las mejores historias categoría Innovación.

Relatoría del juzgamiento del Premio Gabo 2020 – categoría Innovación

La inteligencia artificial está entrando con fuerza a las redacciones de América Latina y cada vez son más los medios que deciden incursionar en esta tecnología para desarrollar proyectos de alta calidad.

Esa fue una de las conclusiones a las que llegaron Emilia Díaz-Struck (Venezuela), Natalia Viana (Brasil) y Mario Tascón (España), miembros del jurado del Premio Gabo 2020 en la categoría Innovación, tras evaluar los trabajos participantes.

Entre las más de 201 postulaciones que se recibieron en esta categoría, el jurado encontró ejemplos interesantes del uso de distintos tipos de inteligencia artificial, algoritmo o manejo automatizado de datos, lo que interpretaron como una clara señal de que los medios en la región han entendido que estas tecnologías tienen gran potencial para impulsar el impacto del periodismo en las realidades de los países latinoamericanos.

Tras analizar por separado una preselección de 20 trabajos, Díaz-Struck, Viana y Tascón se reunieron virtualmente el 9 de diciembre para discutir sus puntos de vista sobre lo que habían encontrado en los proyectos participantes y elegir a los que consideraban los 15 más innovadores.

Los periodistas descartaron varios trabajos que si bien les parecían de gran calidad y con un buen uso de distintos recursos, no encontraron en ellos suficientes elementos de innovación.

En una segunda reunión a través de Zoom, el 14 de diciembre, el jurado redujo la lista de participantes a 10 finalistas, tras tomar en cuenta aspectos como metodología en los proyectos, transparencia en el manejo de tecnología, impacto en la sociedad y componentes periodísticos de los trabajos. Los periodistas acordaron dar otra revisión minuciosa a los 10 proyectos semifinalistas para tener suficientes elementos antes de elegir a los tres finalistas y al ganador.

Tres días después, el 17 de diciembre, los miembros del jurado se encontraron virtualmente por tercera ocasión y tuvieron dificultad para elegir a tres trabajos finalistas, debido en parte a la similitud entre algunos proyectos y a los diferentes criterios para decidir qué proyectos podían considerarse realmente innovadores. El uso de distintas formas de inteligencia artificial en los trabajos semifinalistas dificultó su jerarquización, ya que la mayoría tenían un nivel alto de calidad, pero con distintos procesos y enfoques.

Tras no lograr un consenso, Díaz-Struck, Viana y Tascón acordaron programar una reunión adicional y tomarse algunos días para volver a revisar cuatro trabajos a los que consideraron merecedores de entrar en el top 3. El 22 de diciembre finalmente llegaron a un acuerdo sobre los proyectos finalistas y eligieron a un ganador.

Tras evaluar y discutir la preselección de trabajos postulados, los miembros del jurado pudieron identificar las siguientes tendencias en cuanto a la innovación en periodismo en América Latina:

      1. Hay presencia de la inteligencia artificial en el periodismo en la región y a un buen nivel.
      2. Muchos de los trabajos de periodismo de datos que innovan con el uso de algoritmos han tenido impacto directo en la administración pública de sus países.
      3. El análisis de los datos arrojados por los algoritmos se ha convertido en una forma de reportería en sí mismo.
      4. Ante las nuevas posibilidades de acceso a información pública, los proyectos periodísticos que usan análisis automatizado de datos pueden llegar a servir como vigilantes del poder.
      5. Gran parte de los trabajos innovadores que se están haciendo en la región tienen un enfoque social.
      6. Los distintos usos de la inteligencia artificial en el periodismo en América Latina

Tras el análisis de los trabajos que utilizan algún tipo de inteligencia artificial, los miembros del jurado encontraron que los medios de comunicación de América Latina han sabido dar diversos usos a estas nuevas tecnologías. Pero sobre todo, han sabido aplicar estas herramientas a las realidades específicas de cada país.

La corrupción y la desinformación son dos de los más grandes fenómenos que enfrenta el periodismo en los países de la región, y los medios han respondido con proyectos innovadores que atacan estos fenómenos. Entre los finalistas en la categoría de Innovación destacaron trabajos que investigan distintas formas de corrupción y que, en opinión de los jueces, son proyectos que abren caminos para que otros medios aborden este fenómeno con nuevas herramientas y con narrativas innovadoras.

“Las estructuras para investigar la corrupción se están haciendo cada vez más complicadas y cada vez cruzan más fronteras en la región”, dijo Díaz-Struck. “Imagínate investigar casos como (el escándalo de corrupción multinacional) Lava Jato con engranajes de datos de esa magnitud”.

Funes: Un algoritmo contra la corrupción, del sitio Ojo Público (Perú), y TodosLosContratos.mx, de la organización PODER (México), fueron trabajos destacados que abordan el tema de la corrupción con inteligencia artificial. En ambos casos, los medios formaron equipos multidisciplinarios para desarrollar algoritmos y herramientas de machine learning capaces de analizar grandes cantidades de datos contenidas en contratos públicos. Ojo Público desarrolló a Funes, un algoritmo que identifica el riesgo de corrupción en contrataciones públicas del gobierno peruano, mientras que PODER creó 25 algoritmos para analizar la transparencia y la confiabilidad de contratos públicos en México.

Para los miembros del jurado, la importancia de estas herramientas en el periodismo es que se convierten en formas innovadoras de obtener pistas que luego dan pie a trabajos periodísticos exhaustivos. Por ejemplo, a partir de los datos arrojados por sus respectivos algoritmos, Ojo Público y PODER desarrollaron reportajes que tuvieron impacto en la vida pública de ambos países.

“Creo que lo valioso es que ambos tienen gran potencial para la región”, agregó Díaz-Struck. “Si se replican (estos modelos), pareciera que para allá va el camino en el tema de los contratos alrededor de América Latina”.

En temas de desinformación, los jueces encontraron un uso innovador de la inteligencia artificial en el proyecto Radar Aos Fatos, del medio brasileño de verificación de datos Aos Fatos. Se trata de una iniciativa que involucró a un equipo multidisciplinario que incluyó periodistas, lingüistas y expertos en informática, quienes desarrollaron un algoritmo que monitorea redes sociales y detecta información engañosa antes de que se vuelva viral.

Radar Aos Fatos surgió a raíz de la pandemia por COVID-19, pero ha logrado demostrar su efectividad para contener otros tipos de campañas desinformativas. En Brasil, donde la desinformación es un problema en rápida expansión, iniciativas como esta tienen gran valor en la sociedad, consideraron los miembros del jurado.

“La desinformación, siendo un fenómeno un poco más nuevo, marca una línea muy importante de trabajo, y estos trabajos lo cubren bien y además de una manera innovadora”, expresó Tascón.

Los jueces encontraron también un uso innovador de la inteligencia artificial en el terreno de los pódcast. XREY, el único proyecto de España entre los finalistas en esta categoría, es una producción del periodista Álvaro de Cózar que explora las razones que llevaron al Rey Juan Carlos I a abdicar a la corona española. Se trata de un documental en tono de thriller que combina la política con la historia para lograr una narración atrapante.

XREY recurrió a la inteligencia artificial para recrear las voces de personajes históricos como el dictador Francisco Franco. Tascón externó su preocupación por el uso en periodismo de técnicas similares a las que usan los deepfakes y comentó que hace falta discutir cuestiones éticas sobre su utilización. No obstante, los tres jueces coincidieron en que en el pódcast de De Cózar hay una aproximación innovadora en el uso de estas herramientas para fines de reconstrucción histórica.

La importancia de la metodología y la transparencia en el uso de algoritmos

Díaz-Struck, Viana y Tascón coincidieron que existe la necesidad en los medios de la región de determinar lineamientos éticos y periodísticos claros al momento de recurrir a herramientas como la inteligencia artificial.

En ese sentido, al evaluar los trabajos periodísticos que usan este tipo de tecnología para el análisis de datos, consideraron crucial hacer una revisión minuciosa de su metodología, así como de la transparencia a la hora de publicar los resultados que arrojan los algoritmos.

Los miembros del jurado se tomaron tiempo suficiente para revisar estos aspectos a detalle. Díaz-Struck, quien ha trabajado en proyectos periodísticos que involucraron análisis de grandes cantidades de datos como Paradise Papers y Panama Papers, dijo que era importante conocer los procesos de validación que usaron los autores de los proyectos participantes.

Por ello, previo a elegir a los 10 trabajos finalistas en la categoría de Innovación, los jueces solicitaron a algunos de los trabajos evaluados más información sobre su metodología y sus procesos para validar los datos arrojados por las computadoras. También tomaron en cuenta si los proyectos incluían una explicación clara sobre estos aspectos para los lectores.

“Los algoritmos es algo que pareciera que está creciendo en la región. En algunos casos son más transparentes que otros”, dijo Díaz-Struck. “¿Cómo le explicas a la audiencia qué tipo de data utilizas? Hay que saber qué tan precisos son. Hay algoritmos que te dan un 80 por ciento de precisión, pero 20 por ciento no, entonces descartan esos resultados y no lo están diciendo, o los incluyen y tampoco lo dicen. Algunas veces se tiene que hacer un chequeo manual”.

En el caso de los trabajos de algoritmos que detectan rastros de corrupción, los jueces tomaron en cuenta qué tanta participación humana había en el proceso de “aprendizaje” de los algoritmos.

“En la medida que tienes más precisión en las normas y que hay un modelo supervisado tienes más claridad en el input humano al final, cuando tienes los resultados y haces validación”, agregó Díaz-Struck. “Pero hay modelos que no son supervisados, y el resultado es más abstracto”.

Al considerar la transparencia, los jurados también tomaron en cuenta si los proyectos con inteligencia artificial habían hecho público el código de sus algoritmos y si daban acceso a las distintas fuentes de sus datos. Encontraron que existe lugar a la discusión sobre cómo y en qué casos debe compartirse el código de un algoritmo en proyectos periodísticos, pero también reconocieron que la mayoría de los participantes cumplía con un buen nivel de apertura.

En el caso de Radar Aos Fatos, los jueces valoraron el hecho de que el medio haya desarrollado una metodología para detectar desinformación en cada red social y que haya explicado claramente a la audiencia sus modelos de inteligencia artificial.

“Me encanta que tengan una metodología para la audiencia con ilustraciones mucho más sencillas y luego un documento mucho más amplio con todos los detalles”, dijo Viana. “Es un recurso super novedoso y super importante para monitorear una cosa que de otra forma se te va de las manos. Te permite ver tendencias, caminos para investigar y tiene impacto inmediato en la sociedad brasileña”.

Si bien los lectores tienen la posibilidad de acceder a los datos de Radar Aos Fatos, los jueces apreciaron que el proyecto cumpla con el protocolo de fact-checking de no compartir los links de las publicaciones engañosas.

Otro punto que los miembros del jurado evaluaron en los proyectos de periodismo de datos fueron los procesos de recopilación de su información y la construcción de complejas bases de datos, sobre todo por lo complicado que es la obtención de datos públicos en América Latina.

“El proceso de recolectar data pública, en América Latina es un dolor de cabeza. No te la dan organizada, en una lista bonita, arreglada, lista para que la uses, es un desorden. Ese desorden lo que genera es opacidad”, consideró Díaz-Struck.

El equipo detrás del proyecto Arsenal global de The Intercept (Brasil), generó una enorme base de datos a partir de la recolección de casquillos de balas en 27 barrios de Río de Janeiro donde acontecen tiroteos con frecuencia. El medio averiguó la información de esos casquillos y la clasificó para después cotejarla con datos de instituciones para la paz en Brasil y organizaciones expertas en armas. El resultado fue un reportaje multimedia que rastrea el origen de las balas que se disparan en esa ciudad.

Otro ejemplo de una minuciosa construcción de bases de datos es el trabajo Zonas del Silencio, del diario El Universal (México), que usó la inteligencia artificial para contrastar datos sobre homicidios en 2 mil 400 municipios mexicanos con notas periodísticas en esas regiones, con el fin de identificar desiertos informativos.

Los miembros del jurado pusieron particular atención en los productos periodísticos derivados de las bases de datos construidas y de los resultados de las herramientas tecnológicas. Tomaron en cuenta aspectos como la presentación, la interactividad y los formatos de los productos resultantes.

“Hay un gran dilema en cómo se cuentan las historias con datos”, dijo Díaz-Struck. “El gran reto cuando tienes alto volumen de datos es cómo cuentas la historia, cómo haces para que no parezca algo tan técnico, cómo conectar con el componente humano, cuáles son las narrativas que buscas y al mismo tiempo aprovechar al máximo el valor que te da el algoritmo”.

Experimentación con distintas formas de reportería

Entre los trabajos preseleccionados, los miembros del jurado encontraron destacables las diversas formas de reportería que fueron usadas en la realización de los proyectos.

Los trabajos que usaron algoritmos requirieron sin duda una exhaustiva obtención y análisis de datos, lo cual -según coincidieron los jueces- es un proceso de alto grado de dificultad que implica una forma de reportería en sí misma.

Un ejemplo es Elas no Congresso, de la Revista AzMina (Brasil), elegido entre los trabajos finalistas. Consiste en un proyecto que utiliza datos públicos del Congreso brasileño para monitorear los temas relacionados con los derechos de las mujeres en la Cámara de Diputados y de Senadores de ese país, a través de un robot en Twitter. La herramienta busca diariamente información relacionada con proyectos de ley sobre derechos de las mujeres y los publica en esa red social. La iniciativa incluye también un ranking que muestra el posicionamiento de los legisladores en relación a esos temas.

Otro ejemplo destacado por el jurado fue el proyecto Siete horas de angustia en La Modelo, de la revista Cerosetenta (Colombia), que recurrió a un proceso casi arqueológico de recolección de material multimedia combinado con reportería tradicional para reconstruir el motín y posterior masacre en la cárcel La Modelo, en Bogotá, en marzo de 2020.

Las fuentes para este proyecto fueron el material de audio y video de cámaras de seguridad y de redes sociales, incluidos videos captados por los propios internos y personal en el lugar de los hechos. El material fue organizado, geolocalizado y cotejado con otras fuentes como testigos y referencias espaciales, para luego crear una plataforma interactiva que recrea en tiempo y espacio cómo sucedieron los hechos.

Los jurados destacaron el buen uso del crowdsourcing en este proyecto, no solo mediante la recopilación de material de usuarios de redes, sino también presente en la posibilidad que ofrecieron a los lectores de aportar pruebas y testimonios para contribuir a una mejor reconstrucción del evento. Los jueces coincidieron en que este producto periodístico puede servir de modelo replicable para otros sucesos de ese tipo.

“Es una especie de utilización de lo que hubiera sido en el plano analógico una infografía: una utilización de herramientas multimedia con una muy precisa y detallada investigación”, consideró Tascón. “Aprovechando periodísticamente una red social y la cantidad de cámaras que hay alrededor de un sitio tan complejo como puede ser una cárcel, es un trabajo minucioso que consigue interesar. Todos estos elementos consiguen atraer la atención de una manera bastante novedosa y minuciosa”.

En términos de crowdsourcing, también destacó el proyecto de El Corruptómetro, del diario digital La Posta (Ecuador), un sitio web en el que los ciudadanos pueden denunciar casos de corrupción en instituciones públicas. El proyecto surgió como repositorio de casos relacionados con sobreprecios y corruptelas durante la crisis por COVID-19 en Ecuador, pero a varios meses de su publicación, la plataforma ha servido como fuente de reportajes y videos, y varias investigaciones en curso sobre diversos tipos de corrupción.

Si bien consideraron que el recurrir a los ciudadanos como fuente periodística no es algo novedoso, los jurados destacaron el potencial uso de la información vertida por los ciudadanos en bases de datos que den pie a piezas periodísticas de todo tipo, así como la conexión que se busca crear con la audiencia a través de un servicio público.

Perfiles de los jurados

Natalia Viana (Brasil)

Natalia Viana ha sido periodista por 18 años. Es cofundadora y codirectora de la Agéncia Pública de Periodismo Investigativo, la primera organización sin ánimo de lucro de su tipo en Brasil, fundada y dirigida por mujeres. Ha cubierto asuntos sociales internacionales, desde los refugiados tibetanos en el norte de la India y la masacre de indígenas en Colombia y en los barrios marginales de Cancún, México, hasta las violaciones de derechos humanos del régimen autoritario de Angola y su relación con la empresa brasileña Odebrecht.

Es autora y coautora de cuatro libros sobre violaciones de derechos humanos: Plantados no chão (Plantados en el suelo) (Conrad, 2007), una denuncia sobre los asesinatos políticos en Brasil entre los años 2003 y 2006; Jornal Movimento, uma reportagem (Periódico Movimiento: un reportaje) (Manifesto, 2010), sobre un periódico que hizo resistencia a la dictadura brasileña; Habeas corpus: que se apresente o corpo (Habeas corpus: que se presente el cuerpo) (Secretaria de Direitos Humanos, 2010), sobre los desaparecidos políticos en Brasil; y el libro electrónico O bispo e seus tubarões (El obispo y sus tiburones), sobre el juicio político al presidente Fernando Lugo en Paraguay (Agência Pública, 2013).

Como reportera y editora, ha ganado diversos premios de periodismo, entre ellos el Premio Vladimir Herzog de Derechos Humanos (2005 y 2016), el Prêmio Comunique-se (2016 y 2017), el Prêmio Trofeu Mulher Imprensa (2011 y 2013) y el Premio Gabo en la categoría Texto (2016), del cual ya había sido finalista en 2013.

En 2016 fue la periodista más galardonada de Brasil, según el ranking del sitio Jornalistas & Cia. Natalia coordina los LABs, laboratorios de innovación en la Casa Pública, en Río de Janeiro; entre ellos, la aplicación móvil Museu do Ontem (Museo del ayer), ganadora del Web Summit Award en 2017. En 2018, fue reconocida como emprendedora social de la red Ashoka. También es miembro del Consejo Rector de la Fundación Gabo.

Mario Tascón (España)

Socio y director de Prodigioso Volcán S.L., una compañía de consultoría estratégica, dirección e invención de proyectos, arquitectura de la información, estrategias de comunicación y diseño para nuevos medios. Es presidente de la Fundación del Español Urgente (Fundéu).

Es consultor para empresas como Agencia EFE, BBVA, Cadena SER, Clínica Universidad de Navarra, FarmaIndustria, Fundación Telefónica, Pharmadus, El País (España) y El Universal (México). Es maestro de la Fundación Gabo.

De 2000 a 2008 fue director general del área digital del grupo Prisa, teniendo a su cargo todos los desarrollos de webs y telefonía de las diferentes marcas del grupo (El País, Cadena SER, Cuatro).

Desde 1989 hasta 2000 realizó su carrera en El Mundo, diario del que fue director adjunto, así como el primer director e impulsor de la web elmundo.es, con la que consiguió encabezar la audiencia de las ediciones digitales españolas.

Ha sido asesor de más de 15 medios internacionales, profesor asociado de la Universidad de Navarra y el CEU y ha impartido clases y conferencias en múltiples universidades españolas, norteamericanas y europeas.

Emilia Díaz-Struck (Venezuela)

Es editora de investigación y coordinadora para América Latina del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ por sus siglas en inglés). Bajo esos roles ha trabajado en colaboraciones periodísticas transfronterizas del ICIJ como FinCEN Files, Implant Files, Paradise Papers, Panama Papers –investigación ganadora del premio Pulitzer–, Swiss Leaks, entre otras.

Anteriormente, Díaz-Struck fue coordinadora del área de periodismo de investigación del Instituto Prensa y Sociedad de Venezuela y en 2012 fue Reportera Residente del New England Center for Investigative Reporting de la Universidad de Boston y CONNECTAS, una plataforma periodística para las Américas. Díaz-Struck también ha colaborado con medios como The Washington Post, la revista Poder y Negocios y los medios venezolanos El Universal, El Mundo y Armando.info, del cual es cofundadora.

Díaz-Struck fue profesora de periodismo en la Universidad Central de Venezuela y también ha sido facilitadora de talleres de periodismo de investigación, periodismo de datos y colaboraciones periodísticas en distintos países.

Sobre el Premio Gabo y el Festival Gabo

Son convocados por la Fundación Gabo, que inspirada en los ideales y la obra de Gabriel García Márquez, busca promover espacios de reflexión y debate y exaltar el periodismo ético, riguroso, innovador y de servicio público.

El Premio Gabo y el Festival Gabo son posibles gracias a la alianza de la Fundación Gabo con los grupos SURA y Bancolombia, con sus filiales en América Latina, y a la alianza de la Fundación Gabo con la Alcaldía de Medellín. Para mantenerte al tanto de las novedades de estas iniciativas, puedes seguir las redes sociales: Facebook, Instagram y Twitter.

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