Relatoría del juzgamiento del Premio Gabo 2018 categoría Texto

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Foto: David Estrada / FNPI.

Por: Orlando Oliveros Acosta

Los jurados Martín Caparrós (Argentina), Elvira Lobato (Brasil) y Julio Villanueva Chang (Perú) se reunieron en Cartagena de Indias el 10 y 11 de agosto para elegir a los finalistas y el ganador de la categoría Texto del Premio Gabo 2018.

Durante la primera jornada evaluaron los 17 trabajos preseleccionados por los jurados de primera y segunda ronda entre un grupo de 810 piezas postuladas. Comenzaron descartando los trabajos que consideraron improcedentes o de bajo nivel, y luego procedieron a evaluar juntos los trabajos restantes. Al final del día, eligieron los 10 nominados.

En la segunda jornada del juzgamiento, Caparrós, Lobato y Villanueva Chang evaluaron nuevamente la lista de trabajos nominados para decidir cuáles serían las tres piezas a destacar. Estuvieron de acuerdo en que estaban ante un conjunto de textos que, en su mayoría, se relacionaban entre sí por la temática de la violencia y eran relatados con una fórmula tradicional del periodismo narrativo. Finalmente, escogieron tres trabajos con los que quisieron transmitir los siguientes mensajes: el cubrimiento periodístico de la violencia es una labor que debe renovarse todos los días; el periodismo que muestra con valentía las caras ocultas y oprimidas de la sociedad exige nuevas metodologías; y los periodistas deben asumir riesgos en sus formas de narrar, rompiendo con la fórmula tradicional de contar historias.

La violencia: un tema en común que necesita reinventarse

La primera apreciación que resaltaron los jurados al momento de evaluar los textos escritos se centró en la violencia y su influencia decisiva en el cubrimiento periodístico. Nueve de las diez piezas nominadas relataban acontecimientos en los que había tenido lugar algún tipo de violencia. De ese grupo, ocho narraban una violencia ejercida con las armas y una sola, Un niño manchado de petróleo, una violencia social, desarmada. Los jurados estuvieron de acuerdo en que retratar historias violentas es una labor muy importante dentro del periodismo, pero también advirtieron que muchas veces esta temática es abordada por los periodistas para colocarse en una situación de facilidad. “En ocasiones el periodista cree de forma errónea que al incluir disparos en su relato ya está introduciendo todos los elementos dramáticos necesarios y acaba descuidando su historia”, afirmó el escritor y cronista argentino Martín Caparrós.

Para sortear esa dificultad, los jurados indicaron que la temática de la violencia debe reinventarse, ser contada a partir de una técnica original y desde puntos de vista insospechados, de tal modo que puedan evitarse los lugares comunes. En ese sentido, subrayaron el texto del salvadoreño Carlos Martínez titulado La revolución de las ovejas. Esta crónica publicada en El Faro muestra cómo, en una cárcel copada por las maras, un joven pandillero convertido a la fe evangélica consigue apartar de la violencia a cientos de los suyos. “Es una historia de búsquedas y traiciones, de audacia y cobardía, de determinación y de esperanza; la historia de un iluminado en el lugar más oscuro, un héroe frágil. Martínez lo cuenta con eficacia, con respeto escéptico, con cierto suspenso: su relato nos lleva a espacios desconocidos, nos asusta, se ríe un poco de nosotros, nos obliga a revisar ciertas ideas”, señalaron los jurados, quienes además incluyeron la pieza dentro de las tres finalistas.

Son presos políticos, nosotros también, postulado por La Vida de Nos, es otro trabajo que retoma la violencia desde perspectivas novedosas. Cuenta la historia de varios presos políticos en Venezuela a través de múltiples autores. Para llevarlo cabo, La Vida de Nos convocó a un concurso nacional de periodistas que propusieron sus textos, dando como resultado un conjunto “desparejo pero revelador”, compuesto de narraciones simples y directas. “Se trata de un trabajo valiente que intenta una metodología distinta para llegar a un resultado necesario, de esos que justifican la tarea del periodista: mostrar una de las caras más ocultas de la vida venezolana”, indicaron los jurados.

Con un ímpetu similar, Las rutas de la muerte, pieza publicada por Gatopardo y escrita por el español Diego Cobo, relata los asesinatos de choferes de autobuses de Guatemala a manos de grupos criminales. Elvira Lobato, especialista en cobertura e investigación de medios, destacó que el reportero “abordara la cuestión desde todos los ángulos y también denunciara a los empresarios que desvían los recursos destinados por el gobierno federal para subsidiar el transporte urbano”. Por su parte, el periodista Julio Villanueva Chang, consideró como una “gran idea” que Cobo “retratara la violencia y la tragedia de un país a través de su comunidad de transportistas públicos”. “Esta es una crónica que elige un detalle para plasmar el todo, valiéndose de un sentido dramático que no decae”, concluyó el peruano.

Una manera significativa de reinventar la violencia también puede darse con la escogencia de un tema relevante respecto a problemáticas de la actualidad. Es el caso de La Mara Salvatrucha derrota a Trump en Long Island, una historia publicada por El Faro del salvadoreño Óscar Martínez que cuenta los conflictos generados por la política de represión a inmigrantes centroamericanos emprendida por Donald Trump. De acuerdo con Lobato, esta es una pieza “oportuna”, donde el reportero “conoce el tema, va a la escena y demuestra que el gobierno de los Estados Unidos empuja a los jóvenes inmigrantes a la violencia, dejándolos en el abandono”.

Por otro lado, los jurados señalaron la correcta radiografía del sistema penitenciario brasileño que Armando Antenore hace en Meu Guri. Este reportaje, publicado en Piauí, relata a un preso común que es detenido después de asaltar a una joven con un revólver de juguete en Brasil y las consecuencias que ese hecho tiene en su familia. En su texto, Antenore se vale de datos estadísticos y reconstrucciones judiciales para conducir su historia.

Finalmente, los jurados reconocieron valor dramático de otros textos como Los demonios del Lago Chad, postulado por Xavier Aldekoa de Gatopardo; O massacre de Pau D’Arco, el reportaje de Juliana Tinoco publicado en Piauí; y Estás viva, minha irma, estás viva, postulado por Ricardo Rodrígues de Notícias Magazine. Del trabajo de Aldekoa resaltaron el coraje del reportero en un ámbito de violencia inmediata, mientras que en el de Tinoco exaltaron la reconstrucción del drama de la masacre perpetrada en el estado de Pará, en Brasil. Recordaron, sin embargo, que las temáticas de ambas historias han sido noticiadas por otros periodistas en el pasado. Sobre la pieza de Rodrígues mencionaron su capacidad para contar una historia desde el plano del espectador. Para Elvira Lobato este método hace que “las emociones afloren desde el texto y las imágenes”. “El reportero se limita a acompañar al personaje en la vuelta a la tierra natal y a registrar su reencuentro con los parientes, que la imaginaban muerte”, concluyó la jurado brasilera.

Contra la fórmula tradicional de hacer periodismo

Durante las jornadas de deliberación, Caparrós, Lobato y Villanueva Chang reflexionaron sobre los peligros de contar historias desde el periodismo a partir de una “fórmula tradicional”, un método “gana-premios”. Para Martín Caparrós, el periodismo narrativo está sufriendo una especie de “cristalización” en que las crónicas y los reportajes se escriben, cada vez más, con técnicas prefabricadas. “Entre las piezas que llegaron a la tercera ronda hubo muchas que estaban cortadas por la misma tijera, estaban correctamente realizadas pero hay un modelito preestablecido al que apelan y llenan con los datos, nombres y situaciones requeridos. Hay muy poco riesgo, muy pocas ganas de probar cosas, intentar algo distinto e innovar. Está muy anquilosada la idea de lo que es un reportaje o una crónica de periodismo narrativo”.

Por su parte, Julio Villanueva Chang expresó que la reiteración de lugares comunes en el periodismo se debe a la ausencia de editores en el proceso de publicación de una crónica o un reportaje. “Cuando el periodista se considera autosuficiente y no dialoga sobre su trabajo con alguien experimentado se propicia el uso de esta fórmula repetitiva que no asume riesgos ni se mete en problemas, que son dos factores esenciales para hacer un buen periodismo”. El jurado peruano también añadió que en el uso de esta “fórmula tradicional” influye mucho la primacía del trabajo de campo por encima de la fábula y el elemento moral de la historia. “Yo siento que la narración está sobrevalorada, es decir, la construcción de una historia desde un comienzo a un final como cometido mayor de un periodista y no el debate de las ideas insertas en la fábula. Me parece que abusar de ese trabajo de campo para reconstruir una historia como un cometido mayor es un malentendido que hay que revisar. La lección, con el tiempo, es más importante que la reconstrucción”.

En ese sentido, los jurados destacaron el trabajo del periodista peruano Joseph Zárate, titulado Un niño manchado de petróleo. Esta crónica, publicada en la Revista 5W, cuenta la historia de un inmenso derrame de petróleo en la selva norte del Perú y sus consecuencias en la vida de los awajún. Los jurados enfatizaron en la frescura narrativa del autor y su capacidad para arriesgarse estilísticamente en medio de la problemática abordada. “Zárate nos muestra cómo, quién, por qué, y entonces la comprensión reemplaza a la mera indignación –y la vuelve más interesante, más productiva. Su prosa elegante no escapa a la inventiva, sabe tomar riesgos: busca, en cada caso, la forma de contar que cuente mejor, que cuente más, que no repita fórmulas”, manifestaron en el acta final del juzgamiento en la que Un niño manchado de petróleo fue elegida como la crónica ganadora del Premio Gabo en la categoría Texto.

Asimismo, Caparrós, Lobato y Villanueva Chang remarcaron la habilidad de Zárate para plantear situaciones complejas, libres de maniqueísmos. “Un desastre ecológico puede mostrarnos los recovecos de una sociedad. Zárate no la divide en buenos y malos; expone las contradicciones de una situación donde las víctimas pueden aprovecharse –o no– de su condición, donde una gran empresa nacional intenta esquivar su responsabilidad, donde la máquina publicitaria puede esconder la realidad o desvelarla: la foto de un niño, Osmán Cuñachí, que se podría mirar y olvidar, es la puerta que abre esta historia. Ahí están, sin duda, el oficio y la mirada del buen periodista”.

Hacia un periodismo de lo interior

El fotógrafo de las tinieblas, postulado por Santiago Rosero de Gatopardo, cuenta la vida artística de un fotógrafo ciego y se distinguió de las nueve piezas nominadas por alejarse del tema de la violencia y procurar un periodismo de reflexión interior. Para Elvira Lobato, este trabajo supone “una inmersión emocionante en el alma del fotógrafo” a través de “reflexiones delicadas y sensibles sobre la ceguera”. El protagonista de la crónica llamó la atención de los jurados por su humor e inteligencia, bien plasmados por el talento narrativo del periodista. “Rosero retrata a un personaje fuera de serie, pero el poder de su perfil no emana sólo de la propia luz de su personaje: se ganó su confianza para acompañarlo varias veces y, aunque lo retrata desde la obvia admiración, se aleja de la caricatura y de la corrección política, expone la subcultura sobre la ceguera y los fotógrafos ciegos y narra un texto desde una prosa ágil y con una atmósfera que intenta retratar lo interior”, concluyó Julio Villanueva Chang.

Perfiles de los jurados

Martín Caparrós (Argentina)

Periodista, novelista y ensayista. Ha practicado periodismo deportivo, gastronómico, taurino, cultural, político y policial en prensa, radio y televisión. Comenzó en 1973 en el diario Noticias de Argentina. Es licenciado en Historia en la Universidad de la Sorbona y ha colaborado en medios como El País (España), El Porteño, Babel, Página/30 y Cuisine & Vins. Entre los premios recibidos por su trabajo narrativo se encuentran el Premio Rey de España, el Premio Planeta Argentina, el Premio Konex y la Beca Guggenheim. En 2014 publicó el ensayo Reportar el hambre, en el que Caparrós relata cómo fue su recorrido por el mundo para intentar comprender por qué 900 millones de seres humanos mueren de hambre.

Elvira Lobato (Brasil)

Periodista graduada en Comunicación por la Universidade Federal do Rio de Janeiro. Fue reportera de prensa escrita durante 39 años, de los cuales 27 años trabajó como periodista investigativa en el diario Folha de S.Paulo. A partir de 1992, se especializó en la cobertura e investigación de medios y telecomunicaciones. Es autora de los libros Instinto de repórter, que reúne 11 reportajes, y Antena da Floresta, sobre los pequeños canales de televisión del interior de Amazonía. En 2008, recibió el Prêmio ExxonMobil de Jornalismo por el reportaje Universal chega aos 30 anos com império empresarial, sobre el enriquecimiento de la iglesia Universal do Reino de Deus. En 2016 fue homenajeada por la Associação Brasileira de Jornalismo Investigativo- Abraji- por su trabajo como periodista.

Julio Villanueva Chang (Perú)

Maestro de la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) y miembro del Comité Consultivo de Radio Ambulante.org. Recibió el Premio de Crónicas de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP). Ha sido editor invitado en las revistas Internazionale (Italia), Letras Libres, Cultura/s del diario La Vanguardia (Barcelona) y miembro del Comité de Honor del Premio FIL en Lenguas Romances. Ha publicado Elogios Criminales, una antología de sus perfiles de Ferran Adrià, Gabriel García Márquez, Ryszard Kapuscinski, Juan Diego Flórez y Werner Herzog.

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