Relatoría de la categoría Cobertura del #PremioGGM 2015

Jurados participantes
Rosental Alves (Brasil)
Juan Gossaín (Colombia)
Graciela Mochkofsky (Argentina)

 

Relatora: Juliana Bedoya Pérez

Introducción

Cartagena de Indias, 14 y 15 de agosto de 2015. Tres periodistas, Juan Gossaín, Graciela Mochkofsky y Rosental Alves se reúnen para discutir cuál será el trabajo ganador (los diez de la selección oficial y los tres finalistas), en la categoría Cobertura, del Premio Gabriel García Márquez de periodismo 2015. En sus manos tienen 25 historias provenientes de toda Iberoamérica. Estas llegaron hasta aquí luego de un proceso de selección, con dos rondas previas, entre 337 piezas periodísticas. Los 25 trabajos resumen lo mejor de las coberturas hechas por los medios de la región sobre los temas que fueron noticia en 2014 y principios de 2015.

La discusión tiene puntos de vista diversos. El del brasileño Rosental Alves, pionero del periodismo online en América Latina, director del Centro Knight de Periodismo de las Américas, y miembro del consejo rector de la FNPI; el de Juan Gossaín periodista y escritor colombiano, director de Noticias de RCN Radio durante varios años; y el de Graciela Mochkofsky, argentina, co-fundadora y editora de la revista digital elpuercoespín.com, y autora de varios libros sobre las relaciones de poder en Argentina. Los tres logran un acuerdo desde un primer momento, una lista previa de los diez mejores trabajos en la categoría.

¿Qué es cobertura?

A pesar del consenso logrado con la selección oficial de los trabajos participantes, a los jurados los asalta una preocupación que hacen evidente desde un primer momento y alrededor de la cual se desarrolla la discusión durante los dos días. ¿Qué es cobertura? ¿En realidad los trabajos participantes son ejemplos claros de una cobertura periodística del día a día, hecha por el reportero típico que no tiene tiempo de sentarse a escribir una gran historia sino que cubre la noticia en su minuto a minuto y en su detalle?

O, más bien, ¿Estamos hablando de cobertura por aquella obsesión del reportero que lo lleva a enamorarse de un tema y esculcar hasta el último detalle buscando la verdad, y encontrándola de a poco, lo que lo obliga a hacer su trabajo por entregas en un espacio de tiempo?

Alves, como miembro del consejo rector de la Fundación estuvo involucrado en la estructuración del premio y recalca que el objetivo de esta categoría es incentivar el periodismo básico, el de la reportería del día a día, más allá del periodismo investigativo. Por eso comparte la inquietud de Gossaín y Mochkofsky, ¿estamos ante un grupo de trabajos de periodismo investigativo, hechos en un largo periodo de tiempo? El análisis de los próximos dos días dará espacio a responder estas preguntas, pero en un principio dejan latente la preocupación de no encontrar más trabajos que puedan premiar al reportero puro y al seguimiento de la noticia y la fuente hasta construir una historia.

Si bien prácticamente todas las historias presentadas les generan a los jurados la misma inquietud, el caso más relevante es La Casa Blanca de Peña Nieto, el único trabajo presentado en una sola entrega. Para Gossaín, Mochkofsky y Alves está claro que este trabajo es, de lejos, la gran primicia de México del año, pero dudan de su validez como una cobertura.

La selección oficial

Si bien los jurados se enfrentaron a una dificultad al encontrarse con trabajos que no cumplían con el concepto clásico de cobertura periodística de un tema, tienen un panorama alentador al descubrir que están prácticamente de acuerdo en las diez historias que deben ser parte de la selección oficial de la categoría. De este modo, y apenas una hora después de comenzar las deliberaciones, Juan, Gabriela y Rosental tienen gran parte del trabajo avanzado.

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Para Juan Gossaín el gran valor de El Caso Tlatlaya, escrita por Pablo Ferri para Esquire Latinoamérica, es que es que es una historia que “comienza con la primicia y termina con la justicia”. Alves agrega además que el trabajo es redondo, “había que demostrar que había sido una masacre y se hizo justicia. Que las dos chicas quedan libres y los criminales terminan en prisión, es una conclusión que como profesional del oficio me emociona”.

Por su parte Violência tem cura?, de Galeno Lima y su equipo, es un ejemplo para el quehacer periodístico, pues aunque no es una cobertura como tal, “tiene mucho valor llevar a once practicantes a cubrir historias de violencia”, señala Mochkofsky. La violencia es un tema y más en un país como Brasil, en el que en los últimos diez años todos los indicadores han mejorado, menos el de la violencia. El valor agregado de este trabajo es presentar esta problemática desde varias miradas, todos ellos periodistas en formación

El trabajo de París Martínez para Animal Político (México), con la Cobertura especial sobre la desaparición forzada de normalistas en Guerrero, es tal vez para los jurados la única historia de las finalistas que se acoge al concepto estricto de cobertura, es el trabajo de todos los días de un reportero detrás de la noticia. En cuanto a la relevancia del tema, el caso de Ayotzinapa rompió la bruma informativa de que con el PRI no había pasado nada y que el tema de las masacres era cosa del pasado. En cuanto a innovación en la cobertura, se destaca el uso de una herramienta tecnológica como los drones para cubrir las marchas de #AyotzinapaSomosTodos.

La serie de investigación sobre Los Dólares Cadivi, publicada en El Nacional de Caracas, por David González y su equipo, debe ser resaltada porque hay seguimiento a una historia. “Es claro, es un escándalo y qué escándalo”, señala Rosental Alves. Para los jurados, lo mejor de este trabajo es que logran dar la dimensión a un hecho. “Lo mejor que hacen es dar el contexto de lo que significa el tema de los dólares en Venezuela”, dice Graciela.

Luego de superar el escollo de si este trabajo es o no una cobertura, los jurados coinciden en que La casa blanca de Enrique Peña Nieto, es un ejemplo perfecto de investigación periodística. Para Gossaín y Mochkofsky, la historia de Rafael Cabrera y su equipo, en Aristegui Noticias, es irrefutable, toda la información está blindada. En cuanto a su aspecto formal, La casa blanca es una nota ejemplar, tiene multimedia, su contenido es tan explosivo que la interacción con los lectores viene después, es una de esas notas que por su impacto crean un vínculo con la sociedad, señalan los jurados.

Minha casa, minha sina, escrita por Rafael Soares y Luã Marinatto, del Periódico Extra de Brasil, tampoco puede ser calificada como una cobertura como tal, pero tiene el valor que los periodistas convirtieron un hecho, del que se hablaba en varios medios y como especulación en muchos casos, en una cobertura. Luego de que Soares y Marinatto, encontraron que efectivamente había una historia para contar, la cubrieron en nueve entregas, con el valor agregado del multimedia, mapas de Google y videos que complementan la historia.

Por el mérito de ser un trabajo colaborativo, trabajado desde dos países y con periodistas de varios medios, la historia de El Nuevo Éxodo Latino, a cargo de Cristian Ascencio y su equipo, fue considerada dentro de la selección oficial. De igual manera, los jurados resaltan el carácter revelador del fenómeno de la migración de colombianos hacia Chile, un tema que en Colombia no se conoce.

El caso de los 43 manifestantes muertos durante las multitudinarias protestas en Venezuela en 2014 fue el punto de partida para Justicia a los caídos, de Valentina Oropeza y su equipo, para Contrapunto. Para Mochkofsky, esta es una de las historias que cumple con todos los requisitos de la categoría, los demás jurados resaltan además lo significativo que resulta que sea una cobertura que parte del seguimiento a un hecho que ya pasó, pero que en busca de la justicia, requiere un trabajo en un largo periodo de tiempo. Otro de los aspectos que resaltan es el uso de recursos tecnológicos para mantener actualizado el reportaje, con la infografía que se va actualizando según van avanzando los casos judiciales de los involucrados en las muertes de los manifestantes.

Las lecciones de los finalistas

El asunto se fue complicando al momento de elegir a los tres finalistas, varios trabajos entraron y salieron de la lista más de una vez, se hicieron varias listas posibles hasta que hubo un consenso. Tres historias que demostraban hechos tan llamativos y contundentes en sí mismos como por su tratamiento y magnitud en el resultado.

Un punto en común de las historias finalistas es la justicia. En palabras de Rosental Alves, lo más llamativo son “los reportajes que hicieron justicia, eso no hay con qué pagarlo en la sociedad, si ese no es el fundamental objetivo del periodismo no sé cuál sea”.

Juan Gossaín abre la discusión con una pregunta: “¿Ustedes ven con frecuencia grandes trabajos periodísticos que agoten el tema?”, la respuesta de Alves y Mochkofsky fue “no”. En este sentido, la historia del caso Tlatlaya es meritoria, es completa, pues comienza con encontrar al testigo clave de una masacre, que por equivocación está en una cárcel, hasta lograr crear las circunstancias para que se haga justicia: la libertad para los inocentes y la pena para los culpables.

Esta cobertura es el caso clásico del periodista empecinado en encontrar la verdad y demoler la versión oficial, enfrentándose incluso a las fuerzas más poderosas del estado y de la delincuencia, en una de las regiones más peligrosas para el ejercicio del periodismo, lo que da cuenta del coraje de sus autores.

Por la corta edad de los periodistas, por la magnitud de la historia y su impacto, por el medio en el que fue publicada, Minha Casa, minha sina también entra a la lista de los finalistas. La gran lección periodística que deja este trabajo es que no importa tener la primicia, no importa quién lo dice primero, sino quién lo hace mejor.

Extra, un diario popular de Río de Janeiro, no tuvo la noticia, pero tuvo a dos reporteros que salieron a la calle, la redondearon e hicieron la cobertura, que entregaron historias a sus lectores en un lenguaje sencillo y conciso y aprovecharon las herramientas a su alcance para hacer aún más contundente el resultado.

Toda la reflexión y discusión que se generó alrededor de La casa blanca de Enrique Peña Nieto, nunca puso en duda la calidad periodística del trabajo. De hecho, la gran lección sobre periodismo que salió de esta discusión fue el tránsito de esta historia en la mesa de los jurados durante estos dos días, pues pasó de ser un texto que no llenaba las expectativas de los jurados para estar en la categoría, a ser la ganadora de la misma. Durante la deliberación, los jurados descubrieron en el trabajo de Aristegui Noticias, un texto irrefutable y corajudo, tan blindado que hasta el hecho de ser ofrecido en una sola entrega parece tener sentido para soportar el vendaval que se desató después de su publicación, aunque en este caso, ni la justicia ni las consecuencias fueron las que podrían haber sido en cualquier otro país.

Es una investigación de largo aliento, con buen uso de multimedia y los mejores recursos y herramientas, con las voces de los protagonistas, muy bien documentado, que además aprovecha la naciente ley de transparencia y acceso a la información en México, para que no cupiera ninguna duda de lo que se estaba presentando. La controvertida salida del equipo de la emisora de radio en la que se divulgó el trabajo en simultánea con Aristegui Noticias, lo convierte además en un ejemplo insuperable de independencia periodística.

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