Ganador del Reconocimiento Clemente Manuel Zabala

Foto: León Darío Peláez

Mauricio Sáenz, Jefe de redacción de la revista Semana. Foto: León Darío Peláez

Acta del ganador

Desde el 11 de agosto al 8 de septiembre de 2015 la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) convocó e integró un panel conformado por directores, editores y expertos del periodismo colombiano para exaltar a un editor colombiano que sea ejemplar como periodista, formador y ciudadano.

Luego de que cada miembro del panel postulara un candidato se realizó un proceso de votación con base en el análisis que cada panelista hizo de las postulaciones presentadas por sus colegas, que dieron como ganador al periodista: 

Mauricio Sáenz Barrera de Bogotá

Jefe de Redacción de la Revista Semana

Mauricio Sáenz Barrera es abogado del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario con especialización en Aeronáutica. Ha sido por más de 30 años un referente y formador de periodistas desde la revista Semana en su labor como editor, y en la academia como docente desde hace más de 20 años como profesor de la especialización en Periodismo de la Universidad de los Andes y profesor de Periodismo Internacional en la Pontificia Universidad Javeriana.

Sáenz Barrera en palabras de muchos de sus alumnos encarna el manual de estilo de la Revista Semana. En esta publicación también se desempeña como Editor de la sección Mundo, donde ha cubierto los hechos más importantes de la coyuntura internacional, ofreciendo una visión prospectiva sobre el futuro y los personajes clave en el tablero mundial de la geopolítica.

En palabras de María Jimena Duzán, Mauricio posee el don de todo buen editor: lee los textos con la desconfianza natural propia de su oficio, sabe identificar lo que hay que pulir en un texto sin que el autor lo resienta y tiene un envidiable olfato periodístico para resaltar la esencia del texto. Adicionalmente, varios de sus colegas coinciden en resaltar su fidelidad con el oficio de editor y la generosidad con que lo ejerce sabiendo que el editor siempre está detrás de bambalinas y la mayoría de las veces es ajeno al mérito y reconocimiento.

Ricardo Ávila, uno de los integrantes del panel que escogió a Sáenz como ganador del reconocimiento, dice que Mauricio se ha hecho conocido por ser un elemento clave de la revista: líder, maestro, látigo y también buen humor.

Mauricio Sáenz Barrera es en síntesis un profesional cabal y un ciudadano ejemplar en constante búsqueda de la calidad periodística. Sin duda, un faro para el periodismo colombiano y un maestro para los jóvenes que se embarcan en el mejor oficio del mundo.

El panel estuvo conformado por: Alejandro Santos, director de la revista Semana; Catalina Ceballos Carriazo, subgerente de radio de la RTVC; Cecilia Orozco Tascón, directora de noticias UNO; Darío Arizmendi, director del programa 6AM Hoy por Hoy; Darío Restrepo Vélez; director del sistema informativo de los canales City TV y El Tiempo; Diana Calderón, directora del sistema informativo de Caracol radio; Fidel Cano Correa, director del diario El Espectador; Héctor Abad Faciolince, columnista y miembro del Consejo Rector del Premio GGM; Henry Horacio Chaves Parra, gerente del canal Telemedellín; Irene Gaviria, directora del diario El Mundo; Javier Darío Restrepo, director del Consultorio Ético de la FNPI; Juan Roberto Vargas, director de noticias de Caracol; Luz Amalia Camacho Velásquez, decana de la Facultad de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad Externado de Colombia; María Elvira Bonilla Otoya, directora del portal Las dos orillas; María Elvira Domínguez Lloreda, directora del diario El País; María Jimena Duzán, columnista de la revista Semana; Marta Ruiz, maestra FNPI; Maryluz Vallejo Mejía, profesora de la facultad de Comunicación y Lenguaje de la Universidad Javeriana; Nora Sanín, directora de Andiarios; Omar Rincón, analista de medios; Pedro Luis Mogollón, director de El Universal; Pedro Vaca, director de la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP); Ricardo Ávila, director de Portafolio; Roberto Pombo, director del diario El Tiempo; Vicky Dávila, directora de La FM; y, Yolanda Ruiz, directora de RCN La Radio.

En constancia firman,

Jaime Abello Banfi
Director General de la FNPI

Hermes Martínez
Secretario Técnico del Reconocimiento Clemente Manuel Zabala

Perfil

Mauricio Sáenz editor, maestro

Por Juliana Bedoya

Hablar de Mauricio Sáenz es hablar de un maestro. Ya sea como jefe de redacción de la Revista Semana o como profesor de las universidades Javeriana y Los Andes. Cientos de periodistas, muchos aprendices, algunos experimentados, han enfrentado sus textos a la mirada aguda de “Chacho”, como le llaman, quien los corrige, los edita y muchas veces los destruye, pero siempre, para volverlos a armar.

Saénz, abogado de profesión, llegó al periodismo luego de renunciar a un cargo gerencial en una de las compañías más grandes de Colombia. Desde 1986 se la jugó por la revista Semana, un proyecto que para entonces apenas se consolidaba. “Haber tenido la suerte de trabajar en Semana es haber contribuido de alguna manera a la información y, por ese mismo camino, al desarrollo de una democracia más integral y más real en Colombia”, reflexiona.

Por más de 20 años “Chacho” ha estado al frente de la redacción de la revista Semana, la más importante del país, participando en los consejos de redacción, cuidando cada detalle de la publicación de la revista, revisando cada artículo, con total dedicación y lejos de las luces y del reconocimiento que suele dar un oficio como el periodismo. Con su olfato y buen ojo para encontrar lo que se debe editar en un texto, pero sobre todo con un respeto inmenso por la persona que lo escribió, Mauricio se ha ganado la admiración de sus colegas y pupilos.

Mauricio describe su oficio cuando dice que para los editores “es muy fácil dejar pasar un texto como está porque igual va a estar bien, pero nosotros siempre lo podemos mejorar, podemos hacer algo para que ese texto haga más feliz a nuestros lectores”.

“Chacho” es estricto, detallista, un experto en el uso del lenguaje, pocos como él tienen el talento de mejorar una frase solo con darle la vuelta a un par de palabras, y que ese cambio sea todo lo que se necesite para que ese artículo quede redondo. Le pone el mismo empeño a una breve que al reportaje de portada de la revista, para él cada coma que aparece en Semana merece la misma atención y cuidado. Por eso es siempre el último en salir el día de cierre, pasada la media noche, “cuando ya todo el mundo se ha ido, yo cierro la puerta y ya, salió esa vaina”.

Su personalidad le da además un estilo único a lo que hace, mezcla de seriedad y don de gente. Con humor cachaco, logra llevar al orden a una redacción descarriada con la misma naturalidad con la que suelta un chiste o un comentario agrio que disipa cualquier momento de tensión. Sus anécdotas son memorables, como cuando viajó a Cuba y casi queda encarcelado y empapelado en la isla por un error, o su participación en la película “El Niño y el Papa”. Sus chistes también, como el repetitivo “Un osito se lanzó a una piscina y no se ahogó, porque era pandita”.

El maestro

La cantera de periodistas de Semana es una de las más fructíferas del periodismo en Colombia. Al frente de ésta también ha estado Mauricio. Por su escritorio pasan cada semestre las hojas de vida de cientos de jóvenes universitarios que quieren hacer sus prácticas en la revista. Esta tarea la asume con la misma seriedad con la que edita la revista.

“En Semana valoramos mucho a las nuevas generaciones de periodistas, una de las cosas que más me apasiona es transmitir algo de esta pasión por el lenguaje que tenemos los editores”, y sí que lo ha logrado. Muchos de los reporteros que han pasado por sus manos dirán que “Chacho” es más un mentor que un editor. Que sus regaños más dolorosos son los menos fuertes y que las lecciones que se aprenden al lado suyo quedan para toda la vida.

Hay una escena que se repite cada semana en la redacción de la revista, Mauricio, con la seriedad que lo caracteriza, se sienta frente a la pantalla de su computador, corre una silla al lado suyo e invita al practicante de turno -o algún periodista de los más jóvenes de la revista- a sentarse. Su “víctima” lo observa con timidez. “Chacho” lee entre dientes, asiente, y al final voltea a mirar por encima de sus anteojos al reportero. Ahí comienza la magia, entre preguntas por algún dato faltante, consejos sobre el uso de palabras y silencios incómodos, se tarda el tiempo necesario en revisar cada uno de los artículos que serán el material de lectura de miles de colombianos ese fin de semana. La expresión en su cara dará el dictamen de lo que ocurrió allí adentro. Un gesto de satisfacción no muy evidente denota el éxito del artículo, un “bien” da por finalizada la tarea. Si corre con suerte, el periodista lo escuchará además tararear alguna canción, el otro signo infalible de que el texto que tiene al frente no requerirá mayor trabajo.

Pero esto casi nunca ocurre, siempre habrá cosas que agregar, datos por buscar y algún párrafo por reescribir, y Mauricio seguirá ahí sentado para revisar la historia con la desconfianza típica de un editor, hasta que le salga ese “bien” tan anhelado, que siempre cierra con una delgada sonrisa.

Quienes han sido alumnos suyos saben de esa desconfianza ante los textos que se le presentan, de la seriedad con la que asume su labor en un salón de clase y de lo difícil y gratificante que resulta el reconocimiento que pueda dar a sus pupilos. En su presentación el primer día de clases lo deja muy claro, “yo no pongo cincos, si se merecieran un cinco no estarían aquí sentados”, sentencia Mauricio. De ahí en adelante, todo es un proceso grupal de leer los trabajos propios y los de los compañeros, analizarlos, desmenuzarlos y darles la vuelta. Esto sazonado por las historias de sus viajes y, pocas veces, de su labor en Semana, un aspecto que tal vez refleje la humildad con la que se toma su tarea.

Sabe que la labor del editor es anónima, y que, como él mismo dice, “solamente nosotros nos daremos nuestra propia retribución y es una retribución eminentemente moral”. Lo que no sabe es que cada lección suya ha marcado la trayectoria profesional de todos los periodistas que ha formado.

Los tiempos cambian y el oficio también, y eso lo sabe él, pues apuesta por un ojo crítico en todos los periodistas, por esa capacidad de auto editarse, sin embargo, siempre habrá lugar para “Chacho” el editor y el maestro, siempre habrá un aprendiz que se siente junto a él esperando una lección suya, y sobre todo, siempre habrá un lector agradecido porque, sin saberlo, ese artículo es mejor luego de haber pasado por sus manos de editor.

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