Premio Gabo

Giannina Segnini
Costa Rica

Giannina Segnini se ha destacado por ser pionera del periodismo de datos y de utilizar la tecnología y el poder de la informática para fortalecer el rigor de la investigación periodística. En este punto, el Consejo Rector destacó: “el esfuerzo tecnológico que ha hecho el equipo de investigación de La Nación, bajo el liderazgo de Segnini, ha permitido descubrir relaciones entre hechos y personajes deliberadamente escondidas y abusos de poder. De esta manera, le ha dado una potencia a la tarea vigilante del gran periodismo, acorde con las exigencias informativas de un mundo globalizado y complejo”.

El Consejo Rector  también reconoció la faceta de educadora y divulgadora del conocimiento de Segnini, a través de su labor como formadora de periodistas en América Latina, el Caribe, Estados Unidos, Europa y Asia. Segnini ha dictado cursos y charlas en universidades como Columbia University en Nueva York y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), organizaciones como la Organización de Estados Americanos (OEA) en Washington, el Programa para el Desarrollo de las Naciones Unidas (PNUD), la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) y Transparencia Internacional en Berlín.

Por Karina Salguero-Moya

Giannina Segnini quería ser ingeniera de sistemas, hasta que aprendió que podía navegar entre océanos de datos, entenderlos y hacerlos útiles para sus lectores. También descubrió que para lograrlo no tenía que construir el barco, tripularlo, timonearlo y, a la vez, pescar. Entonces se hizo periodista de investigación. Conversación con una periodista que guarda lo mejor del periodismo tradicional y lo fortalece con el poder de la tecnología.

Giannina Segnini está convencida de que el periodismo vive su mejor momento. Desde 1994 trabaja en el diario La Nación de Costa Rica. En ese periódico dirige la Unidad de investigación e inteligencia de datos, un equipo de periodistas e ingenieros que, durante casi dos décadas, han utilizado las herramientas de la tecnología y la participación multidisciplinaria para descubrir, informar y conocer los diferentes rostros de la corrupción en su país. Casos como el de las operaciones de intermediación financiera ilegal de la iglesia católica,que  mostraron la existencia de una gran estructura administrativa que, por medio de la iglesia costarricense, hacía millonarios préstamos financieros; o el caso del negocio de las compras de deudas de China a Costa Rica, otro duro golpe a la impunidad, se derivaron de esta Unidad.

Giannina estudió periodismo en la Universidad de Costa Rica y de 2001 al 2002 fue Nieman Fellow en la Universidad de Harvard. Durante más de 10 años ha sido conferencista en foros de periodismo y se ha convertido en una de las líderes en descifrar y traducir informaciones complejas derivadas del periodismo de datos. Asimismo es jurado del premio de periodismo de datos de Google y Global Editors Network (GEN), miembro activo del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) y de la Red Mundial de Periodistas de Investigación (Global Investigative Journalism Network GIJN).

En tres ocasiones le han entregado el Premio Nacional de Periodismo Jorge Vargas Gené, otorgado por el Colegio de Periodistas de Costa Rica; en 2013 el Premio Nacional de Periodismo Pío Víquez y una serie de reconocimientos internacionales como el Premio Ortega y Gasset, que recibió del diario El País de España. Dos veces ha ganado el Premio a la mejor investigación de un caso de corrupción, del Instituto Prensa y Sociedad (IPYS) y Transparency Internacional para Latinoamérica y el Caribe (TILAC), además de una mención especial en los premios María Moors Cabot otorgados por la Universidad de Columbia en Nueva York.

El Reconocimiento a la Excelencia del Premio Gabriel García Márquez de Periodismo, le ha servido como oportunidad para reflexionar, pero sobre todo para sentir un respaldo a los principios y valores en los que siempre ha creído: la excelencia, el servicio público, la innovación. “Esta sociedad tiene muchos incentivos para desviarte de tus convicciones, lo único que he tratado en esta vida es de no hacerlo”, dice.

Hace cuatro años, cuando era jefe de redacción del diario La Nación, decidió dejar su puesto y convertir la Unidad de Investigación en un equipo profesional y multidisciplinario que potenciara la investigación periodística con la inteligencia de datos. “Muy poca gente a mi alrededor entendió por qué voluntariamente renuncié a una mejor posición en la empresa con tal de iniciar un proyecto que tampoco se entendía mucho”, recuerda.

Hoy, Giannina Segnini es un referente de calidad y compromiso con el periodismo. Sin embargo, aquí ha llegado luego de recorrer un camino largo de lleno de experimentos, de pruebas y también de errores. Precisamente ahí es de donde ha tomado varios de sus mayores aprendizajes: de los errores que comete y que se promete no repetir.

-Una vez, cuando iniciaba mi carrera como periodista, me enviaron de emergencia a cubrir la salida de prisión de un banquero que estaba siendo enjuiciado por la quiebra del banco público más antiguo del país. Cuando le pregunté por qué había ordenado inversiones tan riesgosas, el banquero descargó con total aplomo y elocuencia una cadena de tecnicismos sobre mercados emergentes que me dejaron muda; era como una cátedra en chino. Me prometí que eso no me volvería a pasar nunca. Pasé un mes estudiando el caso y volví a entrevistarlo, ahora sí, con preguntas pertinentes. Desde ese día nunca volví a hacer una entrevista sin haberme preparado.

Giannina representa como pocas el nuevo aire del periodismo, donde el trabajo colectivo y multidisciplinario aumenta el alcance y el impacto del oficio. Su propuesta son las investigaciones participativas, donde los egos y las “poses odiosas” quedan atrás para dejar libre el camino a un solo objetivo: “permitir el acceso a la información de todos los segmentos de la sociedad, sin importar qué pase, qué pase conmigo, qué pase con el lugar donde trabajo, qué pase con la sociedad, con las estructuras políticas, con las personas involucradas con esas estructuras. Creo en la verdad por encima de todas esas cosas”.

En 2004, Costa Rica registró uno de los períodos más intensos de su historia reciente. De manera contundente, las investigaciones periodísticas presentadas a partir de ese momento cuestionaron, con pruebas concretas, las estructuras institucionales más sólidas. Con esos acontecimientos, los medios mostraron una realidad que va engarzando irregularidades históricas en instituciones estatales que hasta entonces eran intocables. El caso de la Caja Costarricense de Seguro Social (estandarte de las garantías sociales del país) – Fischel (corporación proveedora de productos farmacéuticos), en el que el ex presidente de Costa Rica, Rafael Ángel Calderón Fournier fue encarcelado por gestionar una venta millonaria de equipos médicos, liberó una tensión gigante y modificó el orden social.

Este caso puso el foco de atención en la urgencia de revisar las convenciones tradicionales de la democracia, y fue precedido de otra investigación, el caso del Instituto Costarricense de Electricidad y sus concesiones ilegales con la Telefónica Alcatel, que llevó la renuncia y posterior juicio del ex presidente de la República, Miguel Ángel Rodríguez como Secretario General en la Organización de Estados Americanos, OEA.

Ambos juicios se movieron de manera simultánea tanto por parte del sistema judicial, como de la opinión pública, que exigió la verdad hasta la última etapa del proceso. Estas dos investigaciones del equipo de periodistas del diario La Nación, dirigido por Segnin,i fue el detonante que sacó de la inocencia a todo un país. La clave que recupera la periodista es brillante y fundamental: plantearse una hipótesis clara desde el principio.

–Después de haber publicado investigaciones que generaron causas criminales contra varios políticos, empresarios y expresidentes de la República por casos de corrupción, tuve la suerte de que algunos de los involucrados me buscaron para conocer del proceso de investigación y se abrieron a contarme confidencialmente lo que pasaba por sus mentes cuando planeaban los actos por los que fueron condenados. Esas conversaciones me permitieron entender mejor la psiquis del ser humano cuando busca desesperadamente el poder y pude descubrir a seres de carne y hueso con miedos e inseguridades, llenos de pánico y soledad; una realidad que las simples evidencias no retratan. Esa lección de humanidad me ha resultado invaluable hasta hoy.

Hay un abismo que nos separa de entender el lenguaje de los datos. En la secundaria, Giannina no estaba segura de querer estudiar periodismo. La programación informática, en su proceso de abstraer códigos y convertirlos en símbolos reconocibles era como un magneto. Allí quería estar esta investigadora, y aunque finalmente estudió periodismo, nunca se ha alejado de la lógica informática, mucho menos de la tecnología.

En la Unidad de Investigación e Inteligencia de Datos, el equipo multidisciplinario que lidera, Segnini entrevista millones de datos y bases, correlacionando variables y tratando de atravesar océanos de información para encontrar hechos que estaban ocultos, eso sí, aclara que “esto no sustituye la labor tradicional, lo que hace es potenciar el periodismo que conocíamos”.

En una entrevista, el maestro Alberto Salcedo Ramos dijo que no se mide a un cronista por el valor de sus metáforas sino por el polvo que tiene en sus zapatos. Consultada acerca de qué tanto se ensucian los zapatos de un periodista de datos, Giannina es categórica. Habla de lodo. Y cuenta un caso en el que ese polvo que menciona Salcedo, liberó una verdad atorada entre cruces estadísticos:

–Los zapatos tienen que estar empolvados siempre. Aun si lo que hacemos es periodismo de datos. Sobre todo ahora. ¿Qué es lo que estamos tratando de hacer? Estamos integrando un nuevo elemento a toda esa secuencia desde que inicia una investigación hasta que termina. Y ese nuevo elemento nos permite explorar datos, entrevistarlos y analizarlos, pero eso no es suficiente.

–¿Qué no es suficiente?

–Hace algunos años hicimos una investigación sobre un subsidio que entrega el gobierno de Costa Rica a jóvenes colegiales. Ese subsidio, que es el programa bandera del gobierno actual, básicamente cubre con una beca a todos estos estudiantes para que no abandonen el aula. Lo que hicimos es que investigamos quiénes eran el papá y la mamá de todos –no una parte–, los jóvenes que reciben ese subsidio. Y a papá y mamá les investigamos sus bienes y sus ingresos.

–¿Cuál era la hipótesis de la que partían para investigar esto?

–La hipótesis inicial era que probablemente esos subsidios no estaban siendo entregados a las personas que lo necesitaban. El resultado de ese análisis y de la limpieza de datos nos mostraba que había un grupo importante de jóvenes que estaban recibiendo el subsidio a pesar de que sus padres eran médicos o tenían salarios de hasta diez mil dólares mensuales. Inmediatamente creímos que ese resultado estaba confirmando nuestra hipótesis inicial, pero si no hubiéramos ido a la calle, jamás nos hubiéramos enterado de lo que realmente estaba pasando: estos jóvenes vivían en total pobreza. Cuando fuimos a visitarlos, encontramos que realmente no tenían medios para mantenerse estudiando. Lo que pasaba era que los inspectores de la institución que entregaba el beneficio, llegaban, evaluaban las condiciones en que vivían y les entregaban el subsidio.

–¿Qué hizo que surgieran dudas?

–Que nadie preguntó dónde estaba el papá. Se trataba de un ejército de muchachitos que habían sido abandonados por sus padres (quienes se habían ido a construir otras familias) y que los habían dejado a la merced de la caridad estatal. Desde otro punto de vista estamos hablando de que es un Estado completo financiando a un montón de padres irresponsables. Esa realidad no la mostraron los datos, no había cómo encontrarla en ese análisis. Por eso me gusta este ejemplo, porque muestra que lo que hace la tecnología y el manejo de herramientas y datos es potenciar el periodismo, pero no sustituye jamás esa labor que se debe hacer en la calle de ir y verificar una realidad. Esa tarea de ir al terreno, hablar con personas, conocer cuál es su realidad. Eso no lo sustituye nada.

Segnini tiene una lista de mentores en la que figuran periodistas costarricenses como Laffite Fernández, Marcela Angulo, Eduardo Ulibarri. Sin embargo, lo suyo es lo colectivo, quiere que la piensen dentro de su equipo, porque afina todas sus obsesiones de perfección precisamente en contextos multidisciplinarios, en los que siempre los buenos argumentos de sus colegas la contienen.

–El periodista es un verdadero traductor de realidades complejas. Ahora es cuando más claro tenemos que el valor de nuestra misión es la profundidad. Ese entendimiento de realidades complejas y no la inmediatez a la que muchos medios le están apostando. Un medio que aplique medidas contrarias a las que la mayoría le están apostando equivocadamente es el que va a sobrevivir. Lo principal es la investigación, encontrar aquellos hechos ocultos, esos que un tuitero no va a descubrir en dos segundos.

El periodista Carlos Dada, director y fundador de El Faro en El Salvador, ha trabajado de cerca con Giannina durante años, en sus palabras ella “representa los mejores valores del periodismo de investigación: precisión, agudeza, valentía, dedicación y conocimiento. Solemos conversar mucho acerca del periodismo de datos, del que ella es la mayor experta latinoamericana, y el reporteo de calle, que es en el que nosotros descansamos más nuestro trabajo en El Faro; siempre concluimos que son complementarios y que lo ideal es trabajar ambos, en lo que hemos ido avanzando mucho”.

Varias generaciones de periodistas de todas partes del mundo pasan por sus charlas y conferencias. Su trabajo con esas audiencias la sitúa como un referente en el campo de los datos, no solo por su conocimiento, sino por su capacidad de compartir información. La cofundadora de La Silla Vacía, Olga Lucía Lozano, destaca el talento y agudeza para descifrar datos, pero suma algo más, “creo que uno de los grandes y menos reconocidos aportes de Giannina ha sido como formadora de sus colegas. Gracias a sus talleres, conferencias e incluso conversaciones más cercanas con otros periodistas de América Latina, muchos encontramos los caminos para profundizar en esa línea periodística y evolucionar al paso de Giannina y la generosidad de su conocimiento”.

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“El periodismo es fundamental para la sociedad”, dice Giannina Segnini. “Sin el periodismo la ecuación de la democracia está incompleta. Totalmente. Hay gente que sufre las injusticias de esto que llamamos democracia, y no tiene canales reales ni para quejarse ni para encontrar respuestas a lo que le aqueja, o a los males que tiene en este momento. Nosotros los periodistas estamos en contacto constante con la sociedad y cuando digo sociedad es realmente con todo el mundo”.

Desde el ejercicio del futuro, que es como se califica el periodismo de datos, esta periodista está absorbida en el desafío de lo que llama “la transición”. Piensa que, contrario a lo que todos dicen, el periodismo no está desapareciendo ni vive una decadencia, sino que experimenta un cambio, una transición de la que “vamos a salir fortalecidos”. En esa dualidad que la tiene con un pie en el periodismo de investigación y otro en el periodismo de datos, sostiene que hoy “conviven el periodista tradicional que vive de sus fuentes, y se encuentra con ellas en cafeterías, y los jovencitos veinteañeros, que tuitean, storifean, feisbuquean todo el día y que manejan a la perfección todas las herramientas para bases de datos y redes sociales”.

Ninguna de estas especies son excluyentes, porque el problema está en otro lugar, no en la técnica, así reflexiona Giannina Segnini. “Esto no es sobre tecnología, esto es sobre periodismo. Entonces en muchas salas de redacción se están nombrando editores en esas áreas y los parámetros son qué tan bien se manejan las herramientas”. La mirada fija, y la explicación posterior: “Lo importante siguen siendo las buenas ideas”. Tener esas buenas ideas, a las que se refiere, implica que los periodistas sepan cómo funciona el Estado, porque de eso depende que encuentren las respuestas correctas.

En la unidad de investigación diseñada por Giannina, orbitan estadísticos, antropólogos especialistas en derecho, economistas. El fin es claro: buscar datos ocultos, pero los medios para conseguirlos siempre son diferentes. “Estamos empoderándonos con todas las herramientas tecnológicas para contar mejores historias. En el pasado no podíamos entrevistar a 28 millones de personas, jamás terminaríamos, ahora podemos hacerlo en fracción de segundos, entrevistando bases de datos”. Sin embargo, el juego es nunca pensar que la herramienta es mejor que el investigador, porque las tecnologías de hoy, ya mañana serán reemplazadas por otras. Lo que debe hacer el periodista, piensa, es saber elegir las herramientas. “Si no sabés que existen los microondas, vas a seguir calentado tu comida en la estufa”.

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Investigar corrupción detona de inmediato una alerta. Durante su carrera, también ha sido protagonista de tensiones. Giannina lo aborda de manera preventiva. Prefiere protegerse blindando con rigurosidad cada historia publicada y asegurarse de escuchar con respeto la versión de todos los involucrados. “También debemos hacer todos los esfuerzos para reproducir la verdadera esencia de esas versiones. Lo cortés no quita lo valiente; hasta el criminal más peligroso merece ser tratado con respeto y consideración durante todo el proceso de investigación”.

Conversamos cuando recién llegaba de la Conferencia Global de Periodismo de Investigación en Brasil, el programa del año ha sido bastante intenso, hablamos de su vida tomada por su profesión, de los océanos de información, hablamos mucho, sabiendo que aún así, siempre, inexorablemente, iban a quedar datos ocultos. Entonces, queda la puerta abierta para hablar más. Así será.

“Este es el mejor momento para ser periodista”

Discurso de Giannina Segnini al recibir el Reconocimiento a la Excelencia del Premio Gabriel García Márquez de Periodismo.

Agradezco profundamente al Consejo Rector y a la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano este gran reconocimiento que, además de ser un gran honor, implica una tremenda responsabilidad que estoy complacida de asumir.

Deseo aprovechar estos minutos para ser portadora de buenas noticias.

Una sombra de confusión y de temor inyecta pronósticos pesimistas en la discusión sobre la sostenibilidad del periodismo; sin embargo, con total convicción, creo que este es el mejor momento para ser periodista.

Nunca antes tuvimos en frente tantas oportunidades para encontrar y contar historias relevantes, y para difundirlas en tan solo unos segundos por todo el planeta; y nunca antes vivimos mejor coyuntura para apropiarnos del futuro de nuestra profesión e irrumpir como protagonistas en la concepción, la experimentación y la consolidación de nuevos modelos para hacer periodismo.

Cuando empecé mi carrera hace más de 20 años, era imposible revisar cien expedientes impresos de contratos estatales, trabajo necesario para escribir un reportaje. En cambio, este lunes en la tarde, antes de venir a Colombia, mi equipo y yo entrevistamos millones de esos registros en tan solo minutos.

Tres décadas atrás, solo en un capítulo de la serie Star Trek se podía mapear en segundos las especies plantadas en una extensión de mil hectáreas de terreno.

Hoy, si quisiéramos verificar en el terreno la inversión de millonarios incentivos forestales, es cada vez más accesible enviar un dron teledirigido equipado con cámara y GPS, tomar imágenes multiespectrales y levantar una base de datos georreferenciada que revelaría en detalle la densidad y la composición del bosque y, en última instancia, si en verdad se plantaron o se mantuvieron las especies por las que se pagó.

Sin embargo, no nos confundamos; no son los drones, los datos en tiempo real ni las herramientas para procesarlos los que salvarán al periodismo, sino la combinación de esos recursos con las ideas para hacer periodismo de calidad y de impacto social; y la disposición para experimentar y descubrir -de la mano del poder de la tecnología- nuevos modelos que lo hagan sostenible.

La primera gran confusión que provoca miedo consiste en pensar que el periodismo es el que está en decadencia, o que lo está su impacto en la democracia; pero la única entidad agonizante hoy es la industria de los medios como la conocíamos, no el periodismo, que -en medio del ruido moderno- prevalece como una de las únicas disciplinas capaces de revelar verdades ocultas y decodificar fenómenos sociales.

Los periodistas estábamos muy cómodos, desplegando nuestro idealismo y buscando cómo alinearlo al de empresas de medios que se enriquecieron legítimamente durante décadas gracias a su posición hegemónica en el mercado.

Hoy, estos señores están en problemas porque el modelo económico tradicional que conocían se agotó. Muchos están abandonando el barco y buscan réditos en otras actividades lucrativas; otros continúan administrando su decadencia, enfermos de elefantiasis, con atrofiadas burocracias que no reaccionan a la velocidad que demandan los tiempos; y algunos pocos continúan luchando para sostener sus operaciones al tiempo que hacen lo que pueden para reinventarse.

Hace pocos meses, cuando solo faltaba tocar la Communio para culminar el Réquiem, a la industria cenicienta de los medios empezaron a aparecerle príncipes azules: los billonarios de Sillicon Valley, quienes prometen mantener y fortalecer los valores más sublimes del periodismo dinamizando su operación, dispuestos a perder unos cuantos millones en el proceso.

Mientras tanto, la mayoría de los periodistas esperamos como simples espectadores a que alguien más rescate el rancho y nos devuelva la tranquilidad de la quincenodependencia.

Continuamos tecleando las mismas historias y creyéndonos dueños exclusivos del puente que hay entre el conocimiento y “nuestras” audiencias, de “nuestras” fuentes, de “nuestras” interpretaciones y del mediocre lente con el que a veces ojeamos la realidad para contarla encapsulada en hemorrágicos tuits o notitas rápidas.

Este -no la transición de la industria- es el mayor de los problemas. Se nos olvidó quiénes somos y para qué existimos. Olvidamos que somos tercos y apasionados, perspicaces y humanistas; exploradores incansables, dotados de una capacidad particular para afrontar las situaciones más adversas con tal de defender aquello en lo que creemos. Se nos olvidó que somos amantes y guardianes de la verdad y que solo en ella encontramos la verdadera paz.

El miedo y la angustia nos impiden ver la esperanzadora realidad: que el periodismo de calidad nunca ha sido más relevante y necesario; que las democracias actuales lo piden a gritos; que tenemos mucho que aprender, pero también todos los recursos disponibles para hacerlo; que para crecer debemos dejar de divagar como lobos solitarios y trabajar en verdadero equipo entre nosotros y con otras disciplinas que nos tienden la mano, que existe un océano inexplorado de posibilidades para la experimentación de nuevos modelos, y que tenemos el temple y la capacidad para ser protagonistas, no espectadores.

Hoy, muchos de los mejores periodistas de todos los tiempos -acostumbrados a conducirse con sus libretas chorreadas de café en frecuentes citas incógnitas- están aterrorizados y enfurecidos al ver a los jovencitos de las nuevas redacciones hacerlo todo al mismo tiempo: editar videos, mapear, tuitear, storifiar, embeber aplicaciones y hasta programar.

Esos nuevos tecnoperiodistas -algunos sin el rigor, el conocimiento histórico ni la experiencia periodística suficientes- asumieron, sin dudarlo, el reto de generar contenidos multiplataforma. Su llegada intimida especialmente a sus editores, quienes rápidamente los convierten en editores o -como los llaman ahora- “community managers” y los exponen a tomar decisiones soberanas de la agenda noticiosa en línea y dispositivos móviles, como si las publicaciones digitales e impresas tuvieran dos estándares diferentes de credibilidad.

Con la creciente separación de estos dos mundos, las herramientas y los juegos pirotécnicos están prevaleciendo sobre las ideas y el interés social, y ello acrecienta aún más la brecha de desarrollo que siempre ha existido entre el periodismo y la ciencia.

Es que los periodistas solemos llegar 30 ó 40 años tarde a la adaptación de tecnología. Lo que los periodistas hoy llamamos “futuro” es un pasado ya superado para la comunidad científica.

El mejor ejemplo es lo que hoy denominamos “periodismo de datos” y al que calificamos de ser el futuro del periodismo; pero, desde hace más de 40 años, los científicos y las comunidades de inteligencia y de negocios procesan y analizan grandes volúmenes de datos para detectar patrones, tendencias y situaciones atípicas, o para explicar fenómenos y enfermedades, e incluso para anticipar comportamientos.

La buena noticia es que estamos a tiempo de revertir esa brecha si nos atrevemos a experimentar.

Como dice una canción del grupo irlandés U2: la melodía más dulce es la que aún no hemos escuchado. Perdamos el miedo y empecemos a tocar melodías diferentes. No hay nada tan complicado allá fuera que no podamos aprender si nos esforzamos, pedimos ayuda con humildad y empezamos a trabajar en equipo.

Para terminar quiero agradecer a mis padres Martica y Chepito por los valores que me inculcaron, a mis hermanos, a mis queridos primos, sobrinos y amigos, pero sobre todo a mis hijos Carolina, Fiorella y Santiago, por haberme acompañado y apoyado siempre en esta aventura

También agradezco a los editores de quienes aprendí los valores del periodismo, en especial a Alejandro Urbina, Eduardo Ulibarri y Marcela Angulo; y al periódico La Nación por haberme dado la confianza y el espacio, durante los últimos 20 años, para hacer periodismo de investigación independiente.

A mis queridos compañeros de la Unidad de Investigación: Rigoberto, Ronny, Hassel, Matthew y Mariana, a los compañeros de diseño e infografía, de Sistemas de Información Geográfica y de Inteligencia de Mercados y a todos los que me han acompañado antes, muy en especial al maestro y amigo, Ernesto Rivera, les digo que este también es un reconocimiento para ustedes. Sin su pasión y entrega todos mis esfuerzos hubieran sido en vano.

Buenas noches a todos

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