‘Sub-realismo criollo’, el Frankenstein de Marcos López

El artista argentino Marcos López fue alumno del Premio Nobel de Literatura colombiano en la escuela de cine de San Antonio de los Baños y es uno de los invitados a la sexta edición del Festival Gabriel García Márquez de Periodismo, que se realiza en Medellín. Estará en el MAMM el 4 de octubre a las 6:30 p.m.

Por Carlos Olimpo Restrepo S.

Marcos López confía en el reciclaje de la inspiración para su trabajo y el de los demás. Reconoce, sin tapujos, que se ha apropiado de ideas ajenas que le ayudaron a crear el sub-realismo criollo y que hoy lo tienen como referencia del arte pop latinoamericano, luego de un trabajo de más de tres décadas.

“Creo que son totalmente válidos los reciclajes de inspiraciones. Quien roba a un ladrón tiene cien años de perdón. Yo he sido ladrón también: he tomado cosas de artistas europeos, como Pierre y Gilles, Robert Bacon, David Lynch. He tomado cosas de la sicodelia amazónica, de la cumbia, del vallenato, del arte mexicano y del realismo mágico de Gabo, que sin duda me inspiró”, explica este nieto de migrantes españoles que se asentaron en las llanuras del norte de Argentina, cerca del río Paraná, lugar que sigue siendo objeto de su exploración artística.

En 1978, en su natal Santa Fe,  descubrió que la imagen, y no la ingeniería que estudiaba entonces, era lo suyo. Tras cuatro años de labor empírica, intuitiva como él prefiere llamarlo, fue a la academia a perfeccionar su técnica, gracias a una beca del Fondo Nacional de Artes, que lo llevó a instalarse en Buenos Aires, donde participó en proyectos de otros fotógrafos y artistas de la pintura y el teatro, entre otros, lo cual lo ayudó a encontrar su propio camino.

Pero serían los meses que pasó al lado de Gabriel García Márquez en 1987 y 1988 en la Escuela de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños (Cuba), primero como su alumno de cine documental y luego como aprendiz de guionista, los que le darían un impulso vital a su obra.

Y de ese tiempo al lado del escritor colombiano en la isla hablará Marcos López en la sección Mentes curiosas de la sexta edición del Festival Gabriel García Márquez de Periodismo, el jueves 4 de octubre en el salón de eventos del quinto piso del Museo de Arte Moderno de Medellín, a partir de las 6:30 p.m.

“Allí voy a mostrar unas imágenes inéditas de los primeros días de la escuela de cine. Voy a tratar de proyectar el cortometraje El tango en Cuba y seguramente haré alguna improvisación”. A Marcos, en lugar de conferencias, le gusta montar escenas, porque, como él dice, “ya no quiero ser más artista, sino actor de teatro”.

Para López, más que los conocimientos sobre cine, lo más importante de aquellos dos años fue el acercamiento a personas de otras culturas: latinoamericanas, africanas, asiáticas “y, por supuesto, compartir con Gabo”.

“En 1987, cuando él vio el ejercicio que yo hice supuestamente de cine documental, de 13 minutos, Gabo me dice: tú no tienes más que hacer aquí, ya sabes de esto, vente el año que viene a mi taller de guiones”, asegura Marcos López.

El documental al que se refiere lo armó el argentino en el hotel Riviera de La Habana: “contraté a unos cantores, los subí al trampolín y alquilé unos cocodrilos embalsamados para ponerlos en la orilla de la piscina. Esa puesta en escena es mi modo de documentar la identidad propia, la imagen de América Latina, porque la puesta en escena es un documento”.

La experiencia con los guiones fue diferente. “Yo provengo de la imagen, no de la escritura, y por eso al año siguiente participé en el taller Cómo se cuenta un cuento, en el que teníamos que escribir guiones de 30 minutos para televisión. No está nada mal pasarte cuatro semanas sentado a medio metro de García Márquez hablando delirios. Como experiencia formativa no es nada despreciable, porque es como si él fuera tu coguionist. Ser coguionista con Gabo y conocerlo de cerca lo considero muy importante en mi formación”, relata.

“Después de eso inventé un libro y un título que se llamó Sub-realismo criollo, una especie de surrealismo adaptado a las pampas argentinas y me dediqué todo este último tiempo, tres décadas después de la escuela, a investigar sobre América Latina, a sentirla como un territorio propio, personal”, cuenta.

Ese sub-realismo no es fácil de definir, aunque Marcos López usa una palabra que se le acerca: “Creo que se trata de un Frankenstein que ya no me pertenece. Uno se inspira en otros: me puedo inspirar en Gabo, la cumbia colombiana, Diego Rivera, el son Jarocho mexicano, en Glauber Rocha, y uno va mezclando inspiraciones y lo considero totalmente válido. Uno se apropia, recicla elementos de las generaciones anteriores”.

A esta vía llegó por su necesidad de expresarse. Por eso, sus fotografías pasaron de lo clásico, del blanco y negro, al color, al exceso de color, al montaje y a la dramaturgia, como él mismo lo explica. Son imágenes que dan salida a sus necesidades personales.

“Aquí la ironía es un género que nos permite transitar y hacer la vida más amable. Si no usás la ironía en esta América Latina, te morís de tristeza ante la suma de asesinatos, de corrupción, de desastres. Eso está en mis trabajos. Pero además de la ironía, también trato de encontrar un poco de ternura, que es lo que estoy tratando de aprender en mi propia vida”.

En meses recientes, Marcos López  se ha concentrado en Santa Fe, para ahondar en la vida de dos referentes de la vida cultural argentina y latinoamericana: el escritor Juan José Saer y el cineasta Fernando Birri, sobre los que está haciendo un libro.

De manera simultánea trabaja en la búsqueda de fotografías de su país desde los años 70 hasta la actualidad, que recopilara en un libro que ya tiene título: Patria, una patria que lo tensiona por épocas, pero que también lo alienta a seguir.

“Este momento de Argentina es absolutamente desalentador, tengo miedo de lo que va a pasar en este país. Esa Argentina culta, que fue soñada por América Latina en algún momento, ya no es más, se ha perdido, pero es un país también de una gran potencialidad crítica, es un país admirable en la resistencia. Y no es casual que este país haya dado escritores como Borges, Cortázar… indudablemente algo tenemos”.

 

Sobre el Premio y Festival Gabo

Es convocado por la FNPI- Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano con el objetivo de incentivar la búsqueda de la excelencia, la innovación y la coherencia ética en el periodismo, con inspiración en los ideales y la obra de Gabriel García Márquez, y en la dinámica de innovación, creatividad y liderazgo que caracterizan a Medellín, Colombia.

El Premio y el Festival Gabo son posibles gracias a la alianza público-privada conformada por la Alcaldía de Medellín y los grupos Bancolombia y SURA con su filiales en América Latina.

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