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Así es una jornada de edición fotográfica con Gihan Tubbeh

13 Octubre, 2017
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14 fotógrafos de América Latina se reunieron durante 3 días en Medellín bajo la guía de Gihan Tubbeh. Foto: Juan David Tamayo.

Por Ronal Castañeda

La misión final del taller Visión y expresión fotográfica, que reunió a 14 periodistas de América Latina en el marco del Festival Gabo, era entregar una selección de 30 fotografías que contaran Medellín desde una nueva mirada.

Este taller, que sirvió como antesala del Festival Gabo 2017, fue conducido por la fotógrafa peruana Gihan Tubbeh y organizado por la FNPI-Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano, Focos Narrativos y Universo Centro.

Antes de recorrer diferentes rincones de la ciudad, los participantes elaboraron un cadáver exquisito (un poema que se construye en colectivo) y a partir de ahí salieron en la búsqueda de sus historias visuales. Este es un fragmento del poema:

…Llueven estrellas de colores
mientras suena a noche,
a ojos que miran en la oscuridad,
a gente que camina hacia afuera”.

La imagen correcta

Al volver del trabajo de campo, los fotógrafos revisaron, uno a uno, las imágenes tomadas, en compañía de Gihan Tubbeh. Ella decidió mirar la papelera de reciclaje del fotógrafo. “Muéstrame las imágenes que no escogiste”, le dijo a todos. Durante los tres días del taller los participantes entendieron que, lo que suelen calificar como error, la fotografía descartada, puede en ocasiones contar más que la imagen bien lograda.

Respecto a la literalidad de la imagen, Tubbeh anotó: “Estás esperando que la foto te cuente algo, pero no tiene que explicarlo todo. Cuando eso se hace, de algún modo se subestima la interpretación del lector. No hay que ser obvios”.

El personaje en la fotografía

En cuanto al abordaje del personaje, la pregunta común era cómo retratarlo sin caer en enfoques textuales y estandarizados. Para Tubbeh es indispensable buscar que la fotografía refleje extrañeza y que el autor arriesgue la mirada para generar tensión. Hay que darle lugar a lo impredecible, no buscar la mirada común y predispuesta. Incomodar al personaje.

Un reto son los personajes que buscan siempre mirar al lente, que están preparados para que el fotógrafo dispare. Tubbeh compartió una técnica que aplica para cambiar esto: redirige la mirada, descoloca la vista del personaje al distraerlo hacia otro lado. Es ahí donde se encuentra la informalidad  y se puede disparar, incluso sin que el personaje se dé cuenta, distraído con el truco de prestidigitador.

“Los encuadres deben incomodar, que el personaje haga cosas que no puede hacer. Eso genera ya otro ojo”, le dice la maestra a Marcela Rico, fotógrafa independiente de Bogotá, cuyo trabajo está relacionado con lo urbano y el uso de líneas y perspectivas. “La búsqueda de la mirada propia es permanente, aunque, si no es tu lenguaje, no trates de forzarlo porque no es un terreno propio”.

El fotoperiodista nicaragüense Carlos Herrera se encontró en su trabajo de campo con la historia de ‘Mamá Chila, líder comunitaria de un sector de la ciudad, y reconstruyó su día a día fotografiándola en diferentes escenarios. Tubbeh lo invitó a ser simbólico y ambivalente, buscando los universales de todos los seres humanos (piel, ojos, cabello). Eso, asegura, lleva al autor a ser sugerente, a no quedarse en lo plano, informativo y racional.

La selección final

Al final de la jornada, los 14 participantes se reunieron para construir la serie final que sería proyectada en el Jardín Botánico de Medellín durante el Festival Gabo. En el lienzo de edición, dos personajes con los ojos cerrados se suceden uno a otro, se necesita una tercera imagen, y uno de los participantes dice: “tiene que ser una imagen que indigne, algo que llegue al hígado, que incomode”.

Las imágenes finales de la jornada de edición se superponen unas con otras a partir de diferentes propósitos: Estética, a partir del color (el blanco y negro respira entre imágenes saturadas), los personajes o las formas; del concepto, donde un significado puede llevar a otro, o donde se enlace la idea de una ciudad con otra.

El ejercicio del cadáver exquisito abrió la posibilidad a la creación de metáforas o antagonismos visuales. Esta yuxtaposición visual logró un solo lienzo de nuevos significados para juntar muchas miradas en una sola, para que así surja una ciudad nueva, una Medellín reconstruida, inimaginada.

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