Carlos Martínez

La revolución de las ovejas

Carlos Martínez
Publicado en: El Faro
EL SALVADOR

Descripción del trabajo

En América Central, luego de los conflictos bélicos de los 70 y 80, la Iglesia Católica fue perdiendo penetración en las comunidades empobrecidas: desaparecieron las comunidades eclesiales de base, motor de los movimientos insurgentes, y en el vacío que dejó “La” iglesia, comenzaron a prosperar a un ritmo asombroso “las” iglesias: en garajes, en chabolas de lata, en canchas de fútbol, con micrófono, con megáfono o a grito pelado fueron echando raíces sólidas en los barrios y comunidades, donde también comenzaba a crecer –al mismo asombroso ritmo- otro fenómeno: las pandillas. La MS-13 y el Barrio 18 consiguieron medrar en las sombras de países que se estaban lamiendo las heridas y cuando notamos su existencia ya controlaban gran parte de nuestros países. Las iglesias evangélicas hicieron algo muy parecido. De manera que las pandillas y las iglesias evangélicas aprendieron a conocerse y a convivir desde los tiempos en que ambas eran basura bajo la alfombra. Por eso unas y otras se han aprehendido: la única vía por la cual un miembro de una pandilla puede dejar de ser pandillero es si se convierte en “oveja”. Los únicos que pueden gritar a voz en cuello –en medio de comunidades totalmente controladas por las pandillas- que la Mara Salvatrucha o el Barrio 18 son el demonio y exhortar a los jóvenes a abandonarlas, son los pastores evangélicos. Tienen además el monopolio de la redención. Esta es la historia de un grupo de pandilleros que formaron su propia iglesia dentro de una cárcel para dejar de ser lo que fueron. Y es también la historia de un joven pastor que debe soportar sobre sus hombros el peso terrible de la voluntad del Señor. Ver trabajo.

Perfil de Carlos Martínez

Periodista con 18 años de experiencia como reportero, con publicaciones en medios de Colombia, México, España, Francia, Estados Unidos, Argentina, El Salvador y Guatemala. Sus trabajos han sido reconocidos en concursos periodísticos Iberoamericanos. Sus textos han aparecido en uno de los dos materiales compilatorios de crónicas editado por la FNPI- Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano, Lo mejor del periodismo de América Latina II (FNPI); en la Antología de crónica latinoamericana actual (Alfaguara) y Crónicas Negras: desde una región que no cuenta (Aguilar). En 2007 fue finalista del premio CEMEX – FNPI; en 2008 recibió el premio de periodismo Fernando Benitez entregado en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (2008); en 2011 se hizo acreedor del Premio Ortega y Gasset y en 2013 formó parte del equipo que recibió el premio latinoamericano de periodismo de investigación otorgado por el instituto IPYS. En 2018 fue parte del equipo que recibió el Hillman Prize, otorgado por la fundación Hillman en Nueva York. Actualmente trabaja en la sección de investigación de El Faro (Premio a la excelencia periodística 2016 que otorga el Premio Gabo de la FNPI) y es coordinador de contenido de El Foro Centroamericano de Periodismo.

Concepto del jurado

En América Latina, violencia y religión han caminado juntas muchas veces. Pero esta crónica salvadoreña nos muestra cómo, en una cárcel copada por las maras, un joven pandillero convertido a la fe evangélica consigue apartar de la violencia a cientos de los suyos. En las prisiones, hombres duros se enfrentan con sus antiguos compañeros para no volver a delinquir –a pecar– con ellos.

Es una historia de búsquedas y traiciones, de audacia y cobardía, de determinación y de esperanza; la historia de un iluminado en el lugar más oscuro, un héroe frágil.

Martínez lo cuenta con eficacia, con respeto escéptico, con cierto suspenso: su relato nos lleva a espacios desconocidos, nos asusta, se ríe un poco de nosotros, nos obliga a revisar ciertas ideas.

Carlos Martínez en el Festival Gabo

Carlos Martínez, Joseph Zárate (Un niño manchado de petróleo) y Erick Lezama Aranguren (Son presos políticos, nosotros también), finalistas del Premio Gabo categoría Texto, conversarán con Julio Villanueva Chang (Perú), jurado de tercera ronda del Premio, sobre cómo elaboraron sus trabajos.

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