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“Colombia le ha dado la espalda al campo”: Federico Ríos

28 Agosto, 2017
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Foto: Cortesía Federico Ríos/ Transputamierda.

En sus más de 10 años de trabajo como fotoperiodista, Federico Ríos ha llegado a los rincones más alejados de la geografía colombiana para capturar realidades como la minería ilegal, el desplazamiento forzado, los soldados heridos por minas antipersona o la restitución de tierras. Durante los últimos meses se ha dedicado especialmente a retratar la cotidianidad de las Farc en su fase de transición hacia la vida civil, trabajo que ha sido publicado por medios como The New York Times, Times Magazine, Parismatch, El País, entre otros. Inscríbete sin costo al Festival Gabo.

En medio de todos esos viajes se encontró con una realidad: el abandono de la Colombia rural y la travesía que viven a diario sus habitantes para llegar a los centros urbanos. Eso fue lo que decidió llevar a Instagram con la serie #Transputamierda, un nombre que reúne dos conceptos: trans, el sufijo que suele preceder a las grandes empresas de transporte, y puta mierda, que en Colombia equivale a un lugar remoto.

Lo mejor de este trabajo, que publica periódicamente en su cuenta @historiassencillas, llegará ahora a una exposición en el Jardín Botánico como parte del Festival Gabo, del 28 al 30 de septiembre. Federico Ríos además conversará con Germán Rey, el curador de la exposición, el jueves 28 de septiembre a las 4 p.m en el mismo lugar. Al finalizar la charla habrá una visita guiada con el autor. Consulta aquí toda la programación del Festival Gabo. 

¿En un país tan convulso como Colombia, cuándo y por qué decide retratar “historias sencillas”?

Al regresar de un viaje a Brasil había cerrado mi cuenta de Instagram. Ya no quería llenar las redes sociales con fotos de mi comida o de cada tontería que veía, por eso después de un proceso de reflexión decidí crear dos proyectos y alojarlos en esta red social. Uno de ellos es @historiassencillas, que no es más que una reflexión de la cotidianidad macondiana en la que vivimos, cosas que son elementales y básicas, que están frente a nuestras narices todo el tiempo pero que a la vez tienen un lado fascinante, un carácter reflexivo.

¿En qué momento se interesa por retratar la vida en la Colombia rural?

Mi interés por la Colombia rural ha estado presente durante toda mi vida. Mis abuelos vienen de Marulanda, una población remota en el departamento de Caldas, y siempre viajábamos allí cuando yo era pequeño, me asombraba la distancia y las dificultades para llegar hasta ese lugar. Desde allá siempre pensé que era como estar en otro país, otra ley, otro orden social. Todo cambia en esas lejanías. Hoy sigo pensando que hay un país urbano y un país rural y que existe una gran brecha entre los dos. Todavía no nos comunicamos como nación sino como fragmentos que valga la pena añadir, son muy difíciles de recorrer y transitar. Solo se puede llegar allí en Transputamierda.

Con base en su experiencia recorriendo y retratando las zonas rurales del país, ¿cómo cree que ve la ciudad al campo y viceversa?

Primero habría que aclarar que no encuentro un solo campo, hay tierras diferentes en la ruralidad colombiana, las tierras de los indígenas y de los afros son diferentes a las tierras que conocemos cono campesinas, y también en las tierras campesinas siento la necesidad de hacer una diferenciación entre el campo cercano y el campo remoto porque se viven y se operan de formas muy distintas.

Creo que la ciudad y el campo son dos universos separados que no se conocen y casi ni se tocan. Tenemos un campo complejo, uno al que no se llega ni siquiera por carretera. Cuando regreso de mis travesías por esos lugares siempre encuentro en la ciudad caras de asombro con mis imágenes, y ese asombro es fundamentado en el desconocimiento, en que como país no nos hemos contado. Vemos el campo como algo exótico y con frecuencia afloran comentarios en interlocutores que piensan “tan bonitos los indígenas”, “tan perezosos los afros”, y la peor: “si están así es porque quieren estar así”. Tenemos un país que le ha dado la espalda al campo, de ahí que no se pueden negar las obvias razones políticas que han conducido a Colombia a un conflicto armado interno.

¿Cuáles han sido las historias más sorprendentes que ha encontrado en las zonas rurales de Colombia?

No quiero ver el campo como algo exótico, me sorprendo cada día con la tenacidad de la gente, con la abuela de 80 años sigue cargando la leña para cocinar en su casa, con la familia indígena que camina por días enteros para buscar su cacería, con el campesino que madruga todos los días a trabajar. Más bien me sorprende que no se hayan rebelado antes en contra de un país que les da la espalda.

Como colombiano y como fotógrafo, ¿cómo fue su primera experiencia al retratar el lado cotidiano de las Farc?

Recuerdo una de mis primeras experiencias, en el Cauca: un comandante de las Farc estaba sentado al lado de la carretera entre El Palo y Toribio; el presidente Santos estaba en el casco urbano con sus ministros. Había un gran despliegue militar en toda la zona y aún así este guerrillero estaba sentado en la carretera tranquilo. Cuando un grupo de civiles y periodistas llegamos al lugar el guerrillero dijo: “por favor díganle al presidente Santos que baje pa’ que hablemos, aquí lo espero, sin tropas y sin nada, solo pa’ que conversemos y que conozca la situación de estas montañas”.

También recuerdo mucho un combate en Jambaló (Cauca) donde había mujeres y menores de edad. Los guerrilleros estaban ordenados y tenían a la comunidad de su lado. Son cosas muy obvias cuando estás en terreno, pero que la mayoría de las personas de las ciudades ignoran porque el grueso de los medios de comunicación narra otra cara del conflicto muy diferente.

¿Por qué escogió Instagram como plataforma para Transputamierda?

Instagram es una plataforma muy dinámica y el proyecto mismo es un proceso muy largo de construcción. Es gracioso pero nunca he hecho un viaje solo para alimentar Transputamierda, de alguna forma todo se trata de eso, de lo circunstancial, de que tengo otra misión en ese lugar. También el tema de la periodicidad me parecía complejo; nunca sé cuando es mi próximo viaje, puede ser mañana mismo o puedo pasarme varios días en casa. Instagram me permitía crear esa bitácora digital y constante y mantenerla en permanente relación con la audiencia a medida que el proyecto va creciendo.

¿Cómo fue la primera experiencia llevando Transputamierda a una exposición?

Transputamierda se expuso por primera vez en Valongo, un festival de fotografía en Santos, Brasil, bajo la curaduría de Horacio Fernández y Iata Canabrava.

La experiencia fue maravillosa porque a pesar de mi interés en el proyecto y la tenacidad para trabajar en él, ya se habían cerrado muchas puertas. Todos los medios colombianos le dieron la espalda. Una situación compleja en Colombia es que como freelance das la batalla de ir y generar un proyecto, invertir tiempo, dinero, esfuerzo y conocimiento y al final nadie quiere publicarlo y el proyecto muere en el disco duro.

¿Cómo ha sido el proceso de curaduría junto con Germán Rey?

Germán es un gran profesional y estoy muy entusiasmado de trabajar con él, creo que tiene un recorrido impresionante en el mundo de la imagen, tanto fija como móvil. Es muy enriquecedor entender su mirada; tiene una biblioteca gigante de referentes en su cabeza y eso le da unas dimensiones muy amplias a la hora de revisar el trabajo y generar enlaces desde lo visual y desde lo teórico.

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